¡Solo soy un niño y quiero pertenecer!

Cada vez que veo a un niño o niña “portarse mal” (en realidad su comportamiento no responde a nuestras expectativas y es por ello que lo tachamos de negativo) automáticamente me viene una frase muy significativa dentro de la Disciplina Positiva que dice: ¡solo soy un niño y quiero pertenecer!

La primera meta que el ser humano inconscientemente se propone es salvaguardar su sentido de pertenencia e importancia. Esto quiere decir que “yo soy”, “yo estoy”,  “yo siento”, “yo puedo”, “yo hago”.

El comportamiento de un niño está condicionado por el contexto social en el que se desenvuelve

Alfred Adler y Rudolph Dreikurs, padres de la Disciplina Positiva trabajaron para que el adulto comprendiera qué hay detrás de la mala conducta del niño. Llegaron a la conclusión de que sobre la espalda de los niños suele reposar la carga de los padres, de la escuela y de la sociedad.

El comportamiento de un niño está condicionado por el contexto social en el que se desenvuelve. Un niño está constantemente tomando decisiones de cómo su comportamiento repercute sobre su entorno y sobre las personas con las que convive. La confección de la imagen que pueda desarrollar de sí mismo estará altamente influenciada por la visión que los demás tengan de él. Por lo tanto, un niño que evoluciona y prospera es, en realidad, capaz de desarrollar fortalezas para vivir y convivir en su contexto. Sin embargo, si únicamente sobrevive, está buscando alcanzar su sentido de pertenencia, que en muchas ocasiones los adultos traducimos como mal comportamiento. 

El objetivo que como seres sociales nos planteamos, es la pertenencia a un grupo. Es un comportamiento muy animal ya que nos asegura supervivencia en un hábitat. Sin embargo, les faltan herramientas para poder adaptarse satisfactoriamente. En su intento, a menudo tienen ideas equivocadas de cómo conseguirlo, comportándose de una forma inadecuada y consiguiendo. En muchas ocasiones, es todo lo contrario a lo que se proponen.

Entender que un niño que se porta mal es un niño desalentado es el primer paso que el adulto puede dar para asegurar la conexión con su hijo. Además de garantizarle el sentido de pertenencia e importancia.

Entender que un niño que se porta mal es un niño desalentado

De esta pauta aparentemente sencilla, pero complicada de aplicar por parte del adulto, vamos a situarla en una situación cotidiana que ayudará a entender a qué nos referimos con el sentido de pertenencia y la meta equivocada del niño.

Alicia es una niña de 5 años que vive con sus padres. Recientemente sus papás le han anunciado que le van a hacer un “gran regalo” y es que va a tener un hermanito. Alicia aún desconoce la repercusión que “gran regalo” va a tener sobre su vida.

Mamá llega del hospital con el “gran regalo” y tal y como Rudolph Dreikurs planteó, “los niños son buenos observadores pero muy malos intérpretes”. Alicia comienza a observar la cantidad de atención que “gran Regalo” recibe. Si llora mamá y papá corren a consolarle y le acunan en sus brazos hasta quedar dormido. Otras veces, sin embargo, mamá le da “la tetita” están tan a gusto. Cuando hay que cambiarle el pañal le hacen cosquillas, un masaje y le echan cremita en el “culete”. Sin embargo, Alicia se ha dado cuenta de que mamá y papá ya no tienen tiempo de leerle un cuento por las noches, que ya casi no juegan por las tardes y que los fines de semana no salen y hacen planes especiales.

Su comportamiento se basará en lo que ella cree que es verdad y no en lo que es verdad

¿Qué puede haber interpretado Alicia tras su observación? Pues que sus padres quieren más a “Gran Regalo” que a ella. Esto no es verdad, pero la verdad no es tan importante como lo que Alicia imagina. Su comportamiento se basará en lo que ella cree que es verdad y no en lo que es verdad. Su meta (equivocada) es recuperar ese lugar especial con sus padres y piensa que la manera de hacerlo es actuar como un bebé. Así que empezará a utilizar conductas regresivas mojando la ropa, comiendo mal, no queriendo dormir en su cama porque ve que es así como “gran Regalo” está ocupando su lugar. Pero Alicia está logrando todo lo contrario a lo que se propone. Sus padres se sienten frustrados y rechazan su comportamiento en lugar de ofrecerle afecto y cariño.

¿Qué podrían hacer los padres de Alicia para que adquiriera su meta de pertenencia e importancia? Empoderarla, ofrecerle la posibilidad de participar porque ella es capaz de hacerlo y además informarle de que su labor es importante e imprescindible. Su hermano es un bebé y necesita mucha atención. Ella puede colaborar con el cuidado de su hermano. Podemos capacitarla en las funciones domésticas e integrarla en su nuevo rol de hermana mayor. 

Este tipo de trabajo de empoderamiento requiere tiempo y paciencia. Pero merece la pena ayudar a los niños a desarrollar una buena autoestima. A ofrecerles el lugar de pertenencia e importancia dentro de su contexto. Si se trabaja desde la fortaleza reduciremos la supervivencia.

 

Lorena García Vega

Formadora de familias y educadora de aula en Disciplina Positiva.

Equipo de ConectaEmociones.